Con ceremonias tenues y relativamente pequeñas, los dirigentes de Cuba celebraron el quincuagésimo aniversario de la revolución que derrocó a la corrupta dictadura de Fulgencio Batista – respaldada por los EE.UU. – y que llevó a Fidel Castro al poder.
A los 82 años de edad, Fidel se encuentra enfermo. El año pasado le cedió el poder a su hermano Raúl, de 77 años de edad, y para esta ocasión emitió una declaración de quince palabras agradeciendo al "pueblo heróico" de Cuba.
Por su parte, Raúl pronunció un breve discurso en la ciudad oriental de Santiago, la cuna de la revolución, a un público de casi 1,000 funcionarios públicos e invitados. Ya se le había instruido al pueblo cubano que no se acercara.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, y su contraparte boliviana, Evo Morales, aparentemente en reacción a la decisión de la dirigencia cubana, de festejar la celebración del quincuagésimo aniversario con moderación, cancelaron sus planes para visitar la isla.
Raúl Castro dedicó gran parte de su discurso a la memoria de aquellos que murieron en la revolución y a pintar la revolución de 1959 como una realización de los ideales del líder nacionalista cubano José Marti; realización frustrada por seis décadas de dominio semicolonial estadounidense que siguió a la guerra entre España y Estados Unidos en 1898. Hizo un repaso de las experiencias creadas por el "odio enfermizo y vengativo del poderoso vecino" luego de la revolución cubana, desde la abortada invasión de la Bahía de los Cochinos en 1961, hasta los incontables intentos para asesinar a Fidel Castro y a otros líderes cubanos, y el terrorismo respaldado por la CIA, así como también las cinco décadas del bloqueo económico estadounidense.
La revolución, insistió, permanece "más fuerte que nunca". Continuó con que "¿Significa que han disminuido los peligros? No, no nos hagamos ilusiones. Cuando conmemoramos este medio siglo de victorias, se impone la reflexión sobre el futuro, sobre los próximos cincuenta años que serán también de permanente lucha".
"Observando las actuales turbulencias del mundo contemporáneo, no podemos pensar que serán más fáciles. Lo digo no para asustar a nadie, es la pura realidad".
Procedió a citar un discurso pronunciado por Fidel en noviembre de 2005, advirtiendo que, "Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra".
El tono sombrío del discurso fue sin lugar a dudas condicionado por el presente impase económico al que se enfrenta el régimen cubano, cuya preocupación creciente es que una mayor deterioración de las condiciones sociales y un crecimiento de la desigualdad social pueda llevar a la agitación popular.
En el último mes, el gobierno ha descrito el creciente déficit de la balanza como "una cuestión estratégica para la supervivencia económica del país". El déficit se elevó a cerca del 70% en 2008, llegando a aproximadamente US $ 5 mil millones. La economía sufrió por el aumento de las importaciones de alimentos y combustible y la caída de los ingresos procedentes de níquel, el principal producto de exportación de Cuba. El precio del níquel ha caido para un quinto del que era en 2007.
Mientras tanto, la crisis financiera mundial hace que sea más difícil obtener nuevos créditos para La Habana continuar la importando. Entre los productos importados están el 60% de los alimentos de Cuba, cuyos precios siguen en aumento.
La crisis se vio agravada por tres huracanes que afectaron a Cuba el pasado otoño, destruyendo 500.000 hogares y causando una pérdida estimada en 10 mil millones de dólares.
Sin dinero, el Estado cubano se vio obligado a pensar renegociar su deuda y retrasar los pagos a los acreedores privados y estatales.
En un discurso ante el Parlamento cubano el mes pasado, Raúl Castro pidió el fin de "exceso de subsidios" y defendió la necesidad de"presionar" a la clase obrera cubana, para aumentar la productividad.
El salario medio mensual alcanza los $ 20 y la economía ha abierto una brecha social entre los que - a través del trabajo en el gobierno, la industria del turismo o de la remesa de valores extranjeros - tienen acceso a pesos convertibles y quienes no lo tienen. Entre los primeros surgió un grupo con dinero,mientras que la mayoría de los demás están condenados a la miseria. En estas condiciones, las medidas del gobierno llevan a la posibilidad de un levantamiento social.
La economía cubana se ha mantenido, en gran medida, gracias al combustible barato suministrado por Venezuela como parte de un acuerdo de intercambio, en el que Cuba envía cientos de médicos y profesores para los programas asistencialistas de Chávez. El reciente colapso de los precios del combustible y el aumento de la presión sobre la economía venezolana han colocado la estabilidad de este acuerdo en cuestión.
El efecto de una ruptura de esta relación - no tan desastroso para Cuba como el colapso de la Unión Soviética en 1991 - sería enorme. Venezuela representó más de la mitad de los ingresos del Estado cubano en 2007.
Por otra parte, el gobierno cubano trata de formar vínculos económicos liberales con la Unión Europea, China y Rusia, integrando de manera efectiva la economía cubana en el mundo capitalista. también ha sido bienvenido al grupo de gobiernos burgueses de América Latina, después de habersele admitido en el Grupo de Río por primera vez desde la revolución.
Otro cambio en perspectiva en el horizonte es la retirada de algunas sanciones económicas impuestas por Washington.El nuevo presidente de EE.UU., Barack Obama, prometió durante su campaña electoral eliminar las restricciones impopulares impuestas por la administración Bush, como las remesas de valores enviadas por los cubano-americanos a sus familiares en la isla. La Cámara de Comercio Americana y otros grupos empresariales presionan para que esta primera retirada de sanciones de los impulsar esta primera retirada de EE.UU.contra Cuba se convierta en el principio de una mayor apertura. Así podran aprovechar mejor un mercado muy lucrativo.
La normalización de las relaciones económicas con los EE.UU. puede presentar una amenaza mayor para la supervivencia del régimen de Castro de que el embargo en sí.
En un período reciente, toda una generación de nacionalistas de la izquierda de América Latina y los pequeños-burgueses radicales de Europa y Estados Unidos aplaudió la revolución nacionalista encabezada por Fidel Castro, presentando falsamente su regimen como el estado de los trabajadores y promoviendo el castrismo como el nuevo camino para la revolución socialista en todo el mundo.
La más perniciosa tendencia de este coro pequeño-burgues a Castro fue la tendencia revisionista pablista dentro de la Cuarta Internacional (SU-CI), que se valió de la revolución cubana para tratar de liquidar el movimiento trotskista y hacerlo renunciar a sus tareas históricas fundamentales.
Según esta tendencia revisionista, la victoria de Castro puso de manifiesto que la revolución socialista no exigiría más la dirección activa de la clase trabajadora, consciente de sus tareas históricas. Un "atajo" había surgido, en el que el socialismo podría ser alcanzado por pequeños grupos de hombres armados, provocando guerras de guerrillas y creando un nuevo estado, con la clase obrera y el resto de las masas oprimidas reducidas a poco más que espectadores pasivos.
El impacto de estos conceptos políticos probó ser catastrófico en el resto de América Latina. El fomento del guerrillismo sirvió para separar de la clase trabajadora en general a los sectores más revolucionarios de la joven generación y le abrió paso a derrotas históricas y al levantamiento de salvajes dictaduras militares a través del continente.
El castrismo no representó el socialismo; más bien fue una de las variantes más radicales de los movimientos nacionalistas burgueses que barrieron con el poder a través de muchas regiones de África, Asia y el Oriente Medio durante el levantamiento de las luchas anticoloniales de la década de los 50 y 60. A fin de cuentas, ha probado ser tan incapaz como sus contrapartes de forjar en otros sitios un sendero genuinamente independiente del imperialismo.
Este es el resumen de las observaciones formuladas por Raúl Castro. El quincuagésimo aniversario de la revolución cubana coincide con la crisis más grande en el mundo capitalista en 70 años, trayendo consigo la perspectiva de una renovación en la lucha de clases internacional y la lucha por el socialismo en toda América Latina y en todo el mundo.
No obstante, el esclerótico régimen cubano considera que estos desarrollos son una amenaza mortal que potencialmente puede volcar su frágil economía e interrumpir sus intentos de cementar vínculos con las clases dirigentes capitalistas latinoamericanas, europeas y finalmente con la estadounidense.
Pero los trabajadores cubanos y la joven generación no serán inmunes a la radicalización política mundial que la crisis económica desencadena. Junto con el resto de los trabajadores en Latino América, el éxito de sus luchas requiere una asimilación de las amargas lecciones de la experiencia con el castrismo a mitad de siglo, y el establecimiento de un nuevo movimiento revolucionario independiente de la clase trabajadora basado en el programa del socialismo internacionalista.
El autor también recomienda leer El castrismo y la política del nacionalismo pequeño burgués.
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Publicado em 10.09.2008, por Bill Van Auken, do wsws.org
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