Las catástrofes naturales, el calentamiento global y la creciente escasez de fuentes de energía no renovable, como el petróleo, han provocado innumerables debates alrededor de la contradictoria relación entre la producción capitalista y la preservación del medio ambiente. ¿Es posible producir sin agredir los elementos naturales? ¿Desarrollo económico sería incompatible con la preservación de la naturaleza? ¿Podría la civilización sobrevivir ante el eminente agotamiento de los recursos naturales?
Ante la desenfrenada destrucción de la naturaleza que amenaza directamente la sobrevivencia de millares de personas, la sociedad capitalista parece no tener respuestas consistentes. Aparecen, entonces, propuestas como el llamado “desarrollo sustentable”, que busca establecer una conciliación entre desarrollo económico y naturaleza. En ese ínterin gana relieve la discusión alrededor de la producción del alcohol etílico, conocido también como etanol, que es producido a través del jugo de caña de azúcar.
Ante la escasez y la constante elevación del precio del petróleo, existe una enorme demanda mundial por nuevas fuentes de energía. Así, la propaganda oficial ha anunciado el etanol como una oportunidad económica excepcional para Brasil. El gobierno federal ha encabezado la discusión, la propaganda y la ampliación de la producción del llamado combustible “verde” que ha sido ampliamente difundida y defendida por sus productores y por las políticas oficiales.
Los biocombustibles producidos por medio de la caña, del maíz y de otros productos naturales son caracterizados como una “energía renovable”. El etanol es considerado un combustible ecológico, biodegradable y no tóxico y como es prácticamente libre de azufre y aromáticos es aparentemente inofensivo a la naturaleza. Según las estadísticas, el auto a alcohol contamina sólo 30% de lo que contamina un auto a gasolina.
Pero, ¿sería el etanol realmente una “energía limpia”, capaz de, en armonía con la naturaleza, sustituir los derivados del petróleo y frenar el calentamiento global, disminuyendo drásticamente la emisión de gases contaminantes? La expansión de la producción de etanol guarda misterios y contradicciones que tienen que desvelarse con un minucioso análisis. Contrariando las afirmaciones de que el alcohol solamente proporciona beneficios, muchos investigadores ya cuestionan la aplicabilidad de esa fuente de energía, por eso, es necesario desengañar y conocer más profundamente las consecuencias y los maleficios que la producción de esa energía proporciona.
Energía verde como los dólares de los inversionistas
Sería ingenuidad pensar que el gran interés alrededor de la producción de caña y de etanol se resume a su sustentabilidad ecológica. Los biocombustibles no son solamente conocidos como “energía verde”, sino también como “oro verde”, una clara referencia a los lucros que puede generar. Por detrás del discurso del desarrollo ecológicamente correcto se esconde un mercado en euforia que moverá billonesde dólares en los próximos años. Ese mercado en ascensión ha despertado el interés de grandes multinacionales que ven en el etanol un enorme potencial de expandir y ampliar sus lucros en escalas cada vez mayores.
Después del Proalcohol en la década de 1970, el sector sucroalcoholero vive un nuevo momento de gran expansión y crecimiento. Los datos de las inversiones en la producción de etanol revelan la gran magnitud de ese sector en ampliación. Algunas proyecciones del mercado estiman que la suma de aplicaciones alcanzará US$ 19 mil millones hasta 2012. Se debe resaltar que la mayor parte de esas inversiones será financiada por el gobierno federal a través del BNDS (Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social/BancoNacional de Desarrollo Económico y Social), que en 2004, invirtió R$ 580 millones. Ya en 2006 la inversión subió para R$ 2,2 mil millones y según estimativas, financiará por lo menos R$ 10 mil millones en los próximos 4 años.
Se debe destacar que los órganos y empresas internacionales también están interesados en coger una parte de los lucros procedentes de la energía limpia. El Bird (Banco Mundial) mantiene una reserva de US$ 997 millones para financiar proyectos en el área de los biocombustibles. El Banco Europeo de Inversiones (BEI), institución financiera de la Unión Europea (UE), pretende invertir € 3 mil millones en la producción de “energía limpia” fuera del propio continente. La mayor parte de esa enorme cifra, deberá invertirse especialmente en Brasil y en los EEUU. Juntos los dos países controlan alrededor de 70% de la producción.
Desde la visita del presidente George W. Bush a Brasil en 2007, los dos países han buscado establecer una interesante sociedad económica y política para legitimar internacionalmente la producción de etanol. El subsecretario de Estado norteamericano, Nicholas Burns, afirmó que “La investigación y el desarrollo de biocombustibles pueden ser el eje simbólico de una nueva y más fuerte sociedad entre Brasil y Estados Unidos”. Bush ya anunció que pretende reducir en los próximos años el consumo de petróleo hasta un 20%. Eso también es parte de una estrategia que busca reducir el poder político y económico de grandes productores de petróleo y adversarios de los Estados Unidos, como Irán y Venezuela.
El “oro verde” ha despertado el interés de muchas empresas multinacionales que están siendo atraídas a invertir en el mercado brasileño. Entre los proyectos que ya están en andamiento, se destaca el plan de la japonesa Mitsui que construirá 40 usinas en sociedad con la Petrobrás. También ya invierten en usinas de alcohol en Brasil, las francesas Tereos y Louis Dreyfus, las norteamericanas Cargill y Globex, la inglesa Infinity Bio-Energy,la Noble Group con sede en Hong Kong y la argentina Adeco Agropecuária. No obstante, varias otras empresas, como la Archer Daniels Midland (ADM), Mitsubishi, Noble Group, Bioenergy Development Fund (BDF) y Brazil Renewable Energy Company (Brenco) [1], ya anunciaron interés y proyectos para invertir en la producción de etanol en Brasil. Ante esa euforia, estimaciones difundidas por la Unica (União da Indústria da Cana-de-Açúcar/ Unión de la Industria de la Caña de Azúcar) confirman la expansión del sector azucarero que debe alcanzar 114% en los próximos 5 años.
La industria automovilística también está interesada en la producción de etanol y ha perfeccionado en los últimos años la producción de los vehículos de categoría flex. Datos divulgados por la Anfavea (Associação Nacional de Fabricantes de Veículos Automotores/Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotivos) expresan claramente las transformaciones que han tenido lugar en el sector automovilístico. En 2004, sólo 27% de los autos vendidos en todo el país eran flex, mientras 65% de los autos vendidos tenian motor de gasolina. Ya en 2005, esa estadística prácticamente se invirtió demostrando una enorme demanda por vehículos de tipo flex. Ya en 2008, los automóviles movidos tanto por gasolina como por alcohol representan el 83,6% de las ventas de nuevos autos, sin embargo, todavía representan solamente 12% de toda la flota nacional. Existen actualmente en el mercado por lo menos 25 modelos de autos flex y son producidos por 6 montadoras.
Las empresas de cereales genéticamente modificados también están atentas a la producción de bioenergia y esperan de esa forma conseguir mayor aceptación del público por los productos transgénicos. Varias empresas que producen transgénicos están invirtiendo en la producción de etanol y biodiesel. Empresas como la Syngenta, Monsanto, Dupont, Dow, Bayer, BASF en sociedad con la Cargill, ADM, Archer Daniel Midland, Bunge, que dominan el comercio mundial de cereales están manipulando genéticamente el maíz y la caña de azúcar y convirtiéndolos no en cereales comestibles, sino en combustible. Esas industrias de agronegocios también están desarrollando sociedades importantes con multinacionales del petróleo, como Shell y British Petroleum, y aún con las gigantes automovilísticas, como Volkswagen, Peugeot, Citröen, Renault y SAAB, buscando adaptarse a las transformaciones y garantizar grandes lucros con los biocombustibles.
También la industria de plástico está buscando adaptarse y producir el material a partir de la caña de azúcar. La norteamericana Dow Chemical, la mayor fabricante de resina de polietileno del mundo, firmó una sociedad con la brasileña Cristalsev para producir plástico utilizando la caña como materia prima. Esa sociedad comenzará en 2011, con una producción anual de 350 mil toneladas de polietileno. Estimativas afirman que la industria del “plástico verde” sufrirá una gran expansión en lo próximos años. Especialistas afirman que hasta 70% del plástico podrá ser producido a partir de la caña.
En este escenario, las plantaciones de caña de azúcar ya están ampliándose rápidamente y así continuará en los próximos años. La producción de etanol ha suscitado el interés de varios sectores internacionales y junto con su expansión va a ocurrir su centralización, pues como afirma Ruy Coutinho, del Conselho Administrativo de Concorrência/Consejo Administrativo de Concurrencia (Cade), el sector del etanol aparece como uno de los más susceptibles a la centralización por medio de fusiones y adquisiciones.
Según datos de la Unica, actualmente Brasil posee alrededor de 350 usinas de alcohol funcionando. El Estado de Sao Paulo es el mayor productor del país con 160 usinas, seguido de Paraná con 29, Pernambuco y Alagoas con 26 cada uno, Maranhão tiene 20 usinas y Mato Grosso do Sul tiene 11 usinas funcionando.
Según pesquisa del IBGE (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística/ Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), entre 2005 y 2006, el área de cultivo de caña pasó de 5,62 para 7,04 millones de hectáreas. Actualmente, Brasil tiene una producción de alrededor de 480 millones de toneladas de caña por año, que resultan en 17 mil millones de litros de alcohol.
Según estimativas de la Unica, el plantío de la caña debe avanzar 50% en los próximos 5 años y en breve el área ocupada por la caña debe llegar a los 10 millones de hectáreas. La producción de caña de azúcar deberá expandirse principalmente en los Estados de Mato Grosso do Sul, que pretende triplicar la producción hasta 2010 e instalar 29 usinas, también en Minas Gerais y Goiás. En esos Estados la caña deberá sustituir áreas que actualmente se destinan a pastaje.
Por sus especificidades naturales, como relieve, expansión territorial, disponibilidad hídrica y clima tropical, Brasil tiene un gran potencial para el desarrollo y la ampliación del cultivo de la caña de azúcar. Investigador de la EMBRAPA afirma que “Nuestro país posee la mayor extensión de tierra del mundo que aún puede ser incorporada al proceso productivo”. Y añade que en relación a la expansión de la producción de etanol, existe la “posibilidad de expansión de la producción de la caña de azúcar en casi todo el territorio nacional”. En los próximos años el plantío de caña se debe expandir furiosamente sobre nuevas fronteras, principalmente en el cerrado, pantanal y Amazonia y convertir selvas preservadas y tierras destinadas a pastajes y al plantío de cereales en grandes cañaverales.
La enorme expansión de la caña por el vasto territorio brasileño refuerza la posición de Brasil en la división internacional del trabajo como productor de commodities. Aún no dependiendo exclusivamente de la producción de sus plantaciones, Brasil está perfeccionándose cada vez más en la exportación de productos de origen agrícola y desarrollando el llamado agrobusiness, volviéndose de esa manera una gran potencia capaz de concurrir con las más modernas industrias agrícolas del mundo, principalmente con la norteamericana.
La expansión de la caña de azúcar por el territorio brasileño reforzará aún más la posición de Brasil en la división internacional del trabajo como productor de commodities. Inmensas cantidades de recursos serán aplicados en esta rama de la producción aumentando aún más el PIB del sector, que crece a cada año en una escala muy superior al PIB de la industria manufacturera de la ciudad. El desarrollo de los biocombustibles, aliado al desarrollo de la extracción de petróleo en alta-mar, seguramente colocará Brasil, en un corto espacio de tiempo, como uno de los más importantes países capitalistas del planeta. Sin embargo, la industria de biocombustibles y la de extracción y refinación de petróleo son industrias que emplean poca fuerza de trabajo y poco contribuyen directamente para el desarrollo de las fuerzas productivas de la industria de transformación.
Brasil, lejos de desarrollarse en el sentido de la “autosustentabilidad” predicada por los defensores de un Brasil capitalista y competitivo internacionalmente, se desarrollará cada vez más en el sentido de la destrucción de la naturaleza y del trabajo, las dos fuentes originales de la riqueza.
Por detrás del discurso ecológicamente correcto se esconden grandes intereses económicos, grandes industrias nacionales e internacionales en la búsqueda incesante por lucros. Por encima del interés por la preservación ambiental, está la lógica del capital que impulsa la valorización infinita del valor, es decir, la búsqueda incesante e irracional por la transformación de dinero en más dinero.
Notas:
[1] Empresa del ex presidente de la Petrobrás, Henri Phillipe Reichstul.
fale!
topo
volte